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Fragilidad electoral en momento decisivo

17 de Abr, 2026
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Análisis

¿Qué deja la primera vuelta?

El escenario postelectoral de la primera vuelta empezó marcado por la incertidumbre de quién acompañará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta y por la interrogante de qué tipo de dinámica política se instalará en los próximos meses. Al 93.359% de actas contabilizadas, Roberto Sánchez se mantiene en el segundo lugar, con una ventaja de solo 13,090 votos sobre Rafael López Aliaga. Con una diferencia de votos mínima entre estos dos últimos candidatos, el resultado es aún incierto, y prolongándose posiblemente hasta la resolución de actas enviadas al JEE. Dos escenarios aparecen en este contexto, con implicancias distintas, pero igual de complejas.

Por un lado, si el contendiente es Roberto Sánchez, el país podría reencontrarse con una lógica similar a las elecciones de 2021, con una contienda altamente polarizada, con narrativas antagónicas y un fuerte componente de rechazo mutuo. Por otro lado, si quien avanza es Rafael López Aliaga, el escenario se remite más a las elecciones de 2016, donde la cercanía ideológica no redujo el conflicto y evidenció que la confrontación también se puede intensificar.  

A esta fragilidad estructural de la política, se suma un elemento altamente disruptivo con lo ocurrido en la jornada electoral con la ONPE. La falla en la provisión del servicio, atribuida a un proveedor cuestionado, evidencia que una negligencia administrativa ha generado un impacto político de mayor alcance. La decisión del JNE de priorizar el derecho al voto, por encima de las restricciones legales, fue, en términos constitucionales, defendible, pero no está exenta de cuestionamientos. Después de todo, el proceso electoral se extendió para un electorado en un contexto donde ya circulaban resultados de boca de urna y un conteo rápido. El factor de distorsión ciertamente afecta la percepción de legitimidad del proceso. Se trata de una salida limitada, que deja abierto un frente de cuestionamientos legales y políticos, lo que se ha visto reflejado en las reacciones de actores políticos. Rafael López Aliaga empezó una narrativa altamente confrontacional, cuestionando abiertamente el proceso y promoviendo movilizaciones; mientras que Keiko Fujimori ha asumido una postura más cauta, apostando por la espera de resultados oficiales y el uso de canales institucionales, en un intento de proyectar estabilidad, y alejarse de los cuestionamientos que se realizaron al proceso de 2021. Esta diferencia no es menor y podría anticipar su estrategia para la segunda vuelta, independientemente de a quién enfrente. El principal escollo por vencer de Fujimori, antes que un rival en específico, es el “antifujimorismo”.

El jefe de la ONPE, Piero Corvetto, se presentó ante la Comisión de Fiscalización, donde calificó lo ocurrido como un “error puntual” y pidió disculpas a la ciudadanía. Por su parte, la Junta Nacional de Justicia ha trasladado el caso al plano disciplinario, con la apertura de una investigación preliminar contra Corvetto; mientras que el presidente del JNE, Roberto Burneo, ha contradicho la versión de la ONPE sobre el traslado del material electoral, lo que evidenciaría una preocupante falta de coordinación entre las instituciones electorales.

Finalmente, la configuración del próximo Senado reflejaría un, aparente, equilibrio de fuerzas. La presencia de Fuerza Popular, Renovación Popular, el Partido del Buen Gobierno, OBRAS, Ahora Nación, y Juntos por el Perú, anticipa una lógica de negociación constante, sin mayorías claras. Además, estará compuesto, en su mayoría, de figuras con experiencia parlamentaria unicameral, lo que podría aportar cierto conocimiento al funcionamiento legislativo y estabilidad política.

Si, como se proyecta, Fuerza Popular consolida una bancada de mínimo 21 integrantes en el Senado (por ahora logra 22), tendría el peso suficiente para evitar una vacancia o cualquier intento de reforma constitucional. Se ha formado una bancada cohesionada, que mantendrá la disciplina que caracteriza a los grupos parlamentarios fujimoristas. La mayoría de sus senadores tienen experiencia parlamentaria previa, lo que será un plus sobre otros bloques.

Por otro lado, Renovación Popular, con 8, podría darle a la derecha, cuando menos, la mitad del Senado. Sin embargo, durante los últimos 5 años, este Bloque no ha sido necesariamente un aliado del fujimorismo en el Congreso, por ejemplo, para la elección de Mesas Directivas o presidencias de Comisiones. Además, el actual proceso ha generado un desgaste donde los celestes desconfían de todas las otras agrupaciones.

Para consolidar este bloque ideológico, se necesitará de mucho desprendimiento y liderazgos claros y con capacidad de manejo político. Rafael López Aliaga será senador en caso no logre ser elegido presidente, por lo que se le demandará cautela y capacidad de consensuar.

Desde la izquierda, Juntos por el Perú, gracias a los resultados regionales, será el segundo bloque más grande, pero sus integrantes mantienen diferencias sustanciales con la otra fuerza de esta tendencia, como es Ahora Nación. Mirtha Vásquez ha sido crítica de Roberto Sánchez, pero ha sabido lidiar con él como jefa de PCM cuando el actual congresista lideraba Mincetur. Es probable que encuentren más espacios de diálogo en un escenario en el que JP llegue al Ejecutivo, que si ambos son fuerzas opositoras a un posible gobierno fujimorista. Sus agendas colisionan en algunos puntos que son prioritarios para Ahora Nación, que es un partido de corte progresista.

En cuanto a OBRAS, se espera un grupo poco cohesionado. Aunque 3 de los 5 posibles senadores tienen un corte de izquierda nacionalista, se espera que busquen estar cerca del grupo que sea gobierno. Podrían fluctuar entre uno y otro grupo priorizando beneficios personales.

En el partido del Buen Gobierno se observa un bloque que mantendría cohesión, pero que no cuenta con experiencia política a este nivel. Se espera que sea un grupo bisagra, que tome decisiones desde la evaluación técnica, y que comparta con los bloques de derecha e izquierda, dependiendo los temas que impulsen.

La composición de la Cámara de Diputados todavía no está definida, pero se espera una configuración similar, sin mayoría de derecha ni izquierda, donde Buen Gobierno y OBRAS serán claves para balancear a los dos extremos. La llave para inclinar la balanza a uno u otro lado estará en estas dos bancadas, con actuaciones similares a las descritas para sus representaciones en la Cámara Alta.

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