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Crisis política de octubre

10 de Oct, 2025
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Análisis

Sucesión constitucional precipitada:

El Congreso de la República concretó la vacancia de Dina Boluarte en la presidencia de la República, de manera exprés, la noche del jueves 9 de octubre, procediendo con la juramentación de un nuevo presidente constitucional, cargo que ha recaído en José Jerí, en las primeras horas del viernes 10. La vacancia presidencial ocurrió luego de que las bancadas de Renovación Popular y Podemos Perú anunciaran la presentación de mociones para destituir a Dina Boluarte, debido a la crisis de inseguridad ciudadana y las distintas denuncias en su contra.

La rapidez con la que avanzó el proceso expone la volatilidad con la que se toman las decisiones políticas en el país, y la escaza experiencia de nuestros actuales parlamentarios. La falta de planificación o consenso previo en el Congreso se evidencia en que José Jerí, quien llegó al Parlamento con apenas 11 mil votos, y como accesitario del inhabilitado expresidente Martín Vizcarra, hoy porta la banda presidencial, aun cuando se aseguró, antes de ser elegido titular del Parlamento, que se nombraría un remplazo en caso ocurriese una vacancia.  

La jugada política desbordó, rápidamente, al propio Congreso. La moción de vacancia anunciada por la crisis de inseguridad ciudadana era, inicialmente, un gesto político. No parecía una maniobra política calculada. Sin embargo, el clima de descontento generalizado, por la inseguridad ciudadana y la debilidad de Boluarte, aceleraron el desenlace en cuestión de horas. Jerí asumió como encargado de la presidencia de la República como resultado de la improvisación, pues, en el fondo, ni Fuerza Popular ni Alianza para el Progreso querían asumir el costo político de un reemplazo a meses de las Elecciones Generales.

El nuevo presidente constitucional tiene como principal característica ser conciliador y dialogante, pero carece de liderazgo, como ha quedado demostrado en los pocos meses que tenía como presidente del Congreso,  y en su paso como presidente de la Comisión de Presupuesto hace un par de años. Su respaldo político es similar al de Boluarte: frágil y con una coalición compuesta por Fuerza Popular, Acción Popular, Alianza para el Progreso, Perú Libre y su propio partido. El peso detrás de Jerí lo ejerce, en realidad, la presidente del partido Somos Perú, Patricia Li Sotelo, la misma que hoy aparece como una figura con capacidad de influencia directa en el Ejecutivo, y que ha demostrado una gran muñeca política, pues su partido se ha venido expandiendo en representación parlamentaria, regional y local en los últimos 4 años.

Con la gestión de Jerí se prevé una continuidad en el modelo económico, pero el riesgo continúa estando en el ámbito fiscal por el populismo normativo que proviene, principalmente, del Congreso, ahora sin un contrapeso claro.

La conformación del Gabinete Ministerial será la primera gran prueba para el nuevo presidente. Si bien no hay un plazo definido para su conformación, hay un dilema evidente de quiénes querrían asumir una cartera ministerial en el contexto actual y a pocos meses de las elecciones. El riesgo es que quienes estén dispuestos a asumir una cartera tengan un perfil cuestionado o poco técnico.

La crisis política ha reposicionado a Somos Perú como uno de los principales actores del tablero nacional. Se trata de un partido con una bancada de 5 congresistas en 2021 que, ahora, además de duplicar sus miembros, llegó hasta Palacio de Gobierno. En la misma línea, ha logrado sumar a los gobernadores regionales de Madre de Dios, Pasco y Puno, que junto a los de Cusco, Loreto, Cajamarca y Lambayeque, los posicionan como el primer partido de alcance nacional con presencia en regiones.

Para el partido es importante asegurar su presencia en el próximo Congreso, pero por su historia y experiencia, su prioridad está en las Elecciones Regionales y Municipales de octubre. Con este nuevo alcance, podrán canalizar recursos y obras que fortalezcan su presencia subnacional. No obstante, el margen de error es escaso, pues cualquier equivocación puede generarles la pérdida del capital político rápidamente.

A diferencia de las vacancias pasadas, contra Vizcarra o Castillo, en el caso de Boluarte, tenemos a una figura que carece de respaldo social. Se trata de una exmandataria que deja el cargo con una desaprobación histórica y sin un gesto de movilización ciudadana en su defensa. Al contrario, las movilizaciones iniciales fueron hacia los exteriores de embajadas de las que se comentaba podía haber un asilo a su favor.

En todo caso, el principal reclamo ciudadano continúa siendo por la seguridad ciudadana y el orden interno, que no encuentra una solución concreta de parte de las principales autoridades en el país. Nombrar a un ministro del Interior con experiencia, que logre dar un golpe directo a las organizaciones criminales, y pueda transmitir la sensación de seguridad que la población aclama, será otro de sus principales retos.

Parte de lograr una transición democrática adecuada, con unas elecciones limpias, parte por asegurar que estas se desarrollarán en un ambiente de tranquilidad, que permita a los peruanos acudir a las urnas sin temor.

Los movimientos sociales que impulsaron las últimas marchas, la denominada Generación Z, podrían retomar las protestas en rechazo a la clase política en su conjunto.

Mientras tanto, Perú sigue en piloto automático, con un cambio de mando sin rumbo claro y el nuevo presidente, José Jerí, representa al sistema político que produce presidentes de manera circunstancial y sostenidos por alianzas coyunturales.

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