Desacierto de lectura política
Error de interpretación:
La renuncia de Gustavo Adrianzén a la Presidencia del Consejo de Ministros este martes por la noche, tras 14 meses en el cargo, es el desenlace de una trama marcada por la mala lectura política y una serie de errores de cálculo que el propio expremier desencadenó, y que fue capitalizada por el Congreso.
El extitular de la PCM enfrentaba tres mociones de censura que debían debatirse y votarse en la sesión del pasado miércoles en el Pleno del Congreso, a raíz de lo sucedido en Pataz. A este hecho, además del desgaste propio de un cargo con tanta exposición, se le sumó la molestia generada por un sector en el Legislativo respecto a la extinción de programas adscritos a ministerios, y el traslado de las inversiones de proyectos a la Autoridad Nacional de Infraestructura. Esto último fue anunciado por la presidente Boluarte y el ahora exministro de Economía, José Salardi, la semana pasada. Sin embargo, el tema no se había aprobado en Consejo de Ministros, por lo que la extinción no era, aún, inminente. Adrianzén habría sobredimensionado la magnitud del reclamo, que aparentemente era una inquietud para un grupo puntual en el Parlamento, y no para sus principales aliados.
El cambio simultáneo en tres carteras clave (MEF, MTC y MININTER), fue percibido como un reordenamiento abrupto, e incluso inconsulto, lo que debilitó la posición de Adrianzén. El expresidente del Consejo de Ministros creyó, ingenuamente, que la salida de Salardi del MEF sería suficiente para detener la censura en su contra, lo que resultó desacertado y precipitó su salida. Salardi había ganado, en un espacio de 100 días, el respaldo de parlamentarios, gobernadores, alcaldes y los principales representantes del sector privado. Todos estos actores han considerado que su salida podría perjudicar lo que había encaminado el MEF en este tiempo, como la desregulación en el sector público, el destrabe de obras, entre otras cosas más.
Por su parte, el Congreso, en particular Fuerza Popular, supo leer con mayor claridad el momento político que Adrianzén estaba ocasionando para marcar distancia, publicando un comunicado en favor de la censura. Esto alineó a otras bancadas a tomar una postura similar, creando un escenario difícil de revertir. Con un destino sellado, ante un inminente voto de censura, y en lo que ya era un contexto de presión pública y política, Adrianzén dio un paso al costado en un mensaje a la nación, al lado de la presidente y el gabinete, en que reafirmó su lealtad a la mandataria.
Los reemplazos:
La mala lectura del tablero político por parte de Adrianzén significó la salida de José Salardi del Ministerio de Economía y Finanzas. El actual titular, Raúl Pérez-Reyes, dio a entender que el cambio se debía a la necesidad de “afinar temas que tienen que ver con la reducción de programas”. El exministro entró tratando de poner orden, con la consigna de destrabar obras y desregular el sector público, haciendo cambios sustanciales en los organismos adscritos del MEF. Salardi se fue con el respaldo de autoridades subnacionales y gremios.
De esta manera, su reemplazo, Raúl Pérez-Reyes, parte con la tarea de tratar de convencer a los actores que confiaban en la gestión de su predecesor, lo que va enmarcado en continuar con el shock desregulatorio, el avance de proyectos de asociación público-privada, reducir el tamaño del Estado, entre otros aspectos que no necesariamente generan consenso al interior del gobierno.
Sobre Pérez-Reyes, algunos sectores han manifestado tener cierta duda de su capacidad de resolver cuellos de botella o destrabar proyectos, considerando las dificultades que debió enfrentar en el MTC, como la postergación del Nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez y las vías de acceso, la caída del Puente de Chancay y el problema con los controladores aéreos, entre otros temas más. El nuevo ministro de Economía debe ganarse en poco tiempo la confianza de actores clave, buscando un balance entre todas las exigencias, posiblemente contrapuestas, que tendrá a lo largo de estos meses.
Por su parte, el nuevo ministro del Interior, Carlos Malaver, sería la continuidad de Juan José Santiváñez, quien ha quedado como una especie de ministro en la sombra. Si bien, sobre esto último, no hay evidencia que demuestre de manera expresa el manejo del exministro en el gobierno, la sospecha es contundente por sí sola. El general en retiro, Carlos Malaver, reemplazó a Julio Díaz, tras dos meses en el cargo, en medio de cuestionamientos al desempeño de los titulares en la cartera para hacer frente a la criminalidad y la inseguridad en el país. Malaver asume la cartera del Interior tras reuniones con Juan José Santiváñez en Palacio de Gobierno y ha designado como nuevo secretario general del ministerio al exasesor de Santiváñez. En el gobierno olvidaron aquella premisa de respetar el trabajo del ministro y esperar resultados, que aplicaban con el ahora asesor presidencial, y remplazaron al titular de la cartera en solo dos meses.
Por último, en Transportes y Comunicaciones asumió como ministro César Sandoval Pozo, militante de Alianza para el Progreso, con una cuestionada trayectoria y vinculado a la minería ilegal en el norte del país. Sandoval, quien no tiene experiencia profesional en el sector, habría sido designado por la cercanía con César Acuña, aunque el partido haya buscado deslindar del nombramiento. En su primera conferencia de prensa tras Consejo de Ministros, el premier Arana, posiblemente confiado de contar los votos apepistas en su investidura, señaló que Sandoval demostrará con su trabajo que está a la altura del cargo que se le ha encomendado. El nuevo ministro tendrá su primera prueba de fuego en menos de dos semanas, con la puesta en funcionamiento del Nuevo Aeropuerto.
El Gabinete Arana y las prioridades de Dina:
La designación de Eduardo Arana, quien venía liderando la cartera de Justicia y Derechos Humanos en el Gabinete Adrianzén, revela las prioridades inmediatas de la mandataria, así como una evidente ausencia de cuadros para hacer una verdadera recomposición del Gabinete.
La presidente Dina Boluarte optó por nombrar Presidente del Consejo de Ministros a alguien de su entorno, y además cercano a su hermano Nicanor, y con buenas relaciones en el Congreso. Una vez más optó por tener a un operador de su confianza. Una de las principales interrogantes es la vocería del gobierno que ejercerá Arana. El error más visible de su antecesor, Gustavo Adrianzén, fue asumir un rol de constante sacrificio procurando defender a la mandataria, antes que ser un estratega político para el gobierno. Arana, con un perfil mucho más reservado, podría evitar caer en esos errores, evitando asumir un protagonismo excesivo.
El Gabinete Arana es, en la práctica, una continuidad del Gabinete Adrianzén, con los mismos actores cuestionados, en su mayoría, y sin una renovación sustancial que genere oxigenación al gobierno de Boluarte.
La lectura desde distintos frentes es que la mandataria habría optado por esta continuidad de cara a priorizar la aprobación de su viaje al Vaticano, evidenciando una vez más su falta de empatía y nulo interés de atender los principales problemas del país.
La falta de convocatoria al paro del miércoles, evidenciando que ya es un recurso desgastado, reflejando además la división entre los sectores que podrían generar una mayor movilización, también le dio cierto margen de acción a la mandataria para continuar con un gabinete maquillado de forma superficial. Boluarte continúa mostrando su desconexión del país, arropada por la poca disposición de la ciudadanía para hacer sentir el malestar que evidencian las encuestas.